América Latina ha sido a menudo percibida como una región en la cual el racismo no es un problema tan grande como lo ha sido en Estados Unidos y Europa. Esto se debe a que la mayoría de las personas son Mestizas (han pasado por procesos de mezcla racial) y el proceso de mezcla ha estado constantemente relacionado con la esencia de la identidad nacional, las barreras raciales son entonces borrosas, y tienen como resultado términos comparativos, bajos niveles de segregación racial y tradicionalmente un bajo perfil publico respecto a los temas de raza. En Europa y Estados Unidos, la mezcla racial y la interacción entre las fronteras raciales, que han sido típicas de América Latina, se están haciendo más visibles en otras partes, y han sido anunciados por algunos observadores como un giro hacia la realidad post-racial, en la cual el antirracismo y el multiculturalismo, vistos en esta perspectiva como políticas divisorias que acentúan las diferencias sociales, se vuelven innecesarios. Los críticos han señalado que la mezcla no es un antídoto para la inequidad racial y el racismo en América Latina: De hecho ambos elementos coesxisten. Esto califica de manera severa las afirmaciones de que la mezcla puede llevarnos a una era post-racial.
Los grupos de investigación de cada país, que trabajan con un amplio número de organizaciones preocupadas por el racismo y la discriminación, van a explorar como estas organizaciones conceptualizan y se refieren a los problemas centrales, los cuales están destacándose en otras regiones, que se enfrentan a escenarios similares. En primer lugar, cómo practicar el anti-racismo cuando la mayoría de las personas son mestizas y cuándo es probable que se niegue la importancia de la raza y el racismo y sus efectos en ser tanto victimas como perpetradores. En segundo lugar, cómo conceptualizar una práctica antirracista cuando la cultura parece ser el discurso dominante para hablar de la diferencia, pero la diferencia física (por ejemplo el color de la piel, el tipo de pelo, etc.) permanece como elemento poderoso, pero a menudo como un elemento inconsciente que mueve a las personas a discriminar. Un tercer elemento, es cómo entender el racismo y combatirlo cuando la raza y la clase coinciden en la mayoría de los casos y facilita la negación de que la raca y el racismo son factores importantes. Cuarto, cómo asegurarnos de que el antirracismo tiene en cuenta de forma efectiva las diferencias de género, en un contexto en el que la mezcla entre hombres blancos y mujeres de otros colores ha sido vista como un acto fundante de la Nación. En quinto lugar, cómo perseguir el antirracismo cuando a menudo se afirma que hay poco público para la violencia racista y que esto es evidencia de la tolerancia racial. Debemos explorar como estos elementos estructuran, y también pueden constreñir, ideas sobre el (anti)racismo al interior de las instituciones, las organizaciones y la práctica cotidiana.
Nuestro proyecto trabajará con organizaciones en Bolivia, Brasil, Colombia y México, países que capturan gran parte de la diversidad de la región, para explorar como el racismo y el antirracismo son conceptualizados y discutidos en el Estado y en los lugares por fuera de este, en la legislación y en los medios de comunicación, en una variedad de campañas y proyectos. Nuestro propósito es el de fortalecer las prácticas antirracistas en América Latina al retroalimentar nuestros resultados y apoyando la construcción de redes; a la vez que entregando percepciones útiles para entender el racismo y el antirracismo, tanto al interior de la región como fuera de la misma. |